Al principio nadie se dio cuenta.
Algo malo se avecinaba, pues con el transcurso del tiempo los colores de la pequeña ciudad fueron desapareciendo. Poco se sabia de estos invasores, pero su odio a los colores les delataba.
Fueron muchos los que trataron de poner fin a esta guerra sin sentido, pero ni los más valientes ciudadanos lograron poner en jaque al enemigo. Eran despiadados y voraces, pues los colores devoraban, la alegría destruían.Con el transcurso de los años la pequeña ciudad se quedo sin colores. Todo era gris y blanco y los invasores atemorizaban a los ciudadanos, cualquier indicio de color estaba penado.
Pero no todos se dieron por vencidos y una joven poetisa decidió cambiar su vida.
Con pincel y verso luchó contra su enemigo, sin miedo a su destino.
Al principio nadie se dio cuenta.
Pasaron los meses y su lucha parecía perdida, pero cada vez más ciudadanos se armaron. Brochas, plumas y zapatos. No se necesitaba nada más para luchar contra estos malvados.
La ciudad comenzó a recuperar su color y con el los ciudadanos su alegría.
Al final ellos se fueron, vencidos por un pincel y una niña.
Desde aquel día, los ciudadanos de Ruetenburg, pintan el cielo todos los días. Por pasión y alegría, pues no quieren que ellos vuelvan en toda su vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario