miércoles, 2 de julio de 2014

Ciudad gris

Fue hace muchos años, cuando la pequeña ciudad de Ruetenburg fue invadida por ellos.

Al principio nadie se dio cuenta.

Algo malo se avecinaba, pues con el transcurso del tiempo los colores de la pequeña ciudad fueron desapareciendo. Poco se sabia de estos invasores, pero su odio a los colores les delataba.

Fueron muchos los que trataron de poner fin a esta guerra sin sentido, pero ni los más valientes ciudadanos lograron poner en jaque al enemigo. Eran despiadados y voraces, pues los colores devoraban, la alegría destruían.

Con el transcurso de los años la pequeña ciudad se quedo sin colores. Todo era gris y blanco y los invasores atemorizaban a los ciudadanos, cualquier indicio de color estaba penado.

Pero no todos se dieron por vencidos y una joven poetisa decidió cambiar su vida.

Con pincel y verso luchó contra su enemigo, sin miedo a su destino.

Al principio nadie se dio cuenta.

Pasaron los meses y su lucha parecía perdida, pero cada vez más ciudadanos se armaron. Brochas, plumas y zapatos. No se necesitaba nada más para luchar contra estos malvados.

La ciudad comenzó a recuperar su color y con el los ciudadanos su alegría.

Al final ellos se fueron, vencidos por un pincel y una niña.

Desde aquel día, los ciudadanos de Ruetenburg, pintan el cielo todos los días. Por pasión y alegría, pues no quieren que ellos vuelvan en toda su vida.

miércoles, 11 de junio de 2014

Lluvia de primavera.

El tronar del cielo anunció la llegada de la lluvia.
Protegido bajo el calor de las mantas, no tuvo más opción que escuchar con suma atención el retumbar del frágil cristal de la ventana.

La lluvia no temía al trueno.

El tiempo dejó pasar la tarde. Con la noche, la lluvia logró su cometido.
Los rayos habían abandonado el gris cielo, siendo las gotas las que gobernaron su sueño.

martes, 29 de abril de 2014

Sobre un manto de postales.

A tinta y pluma.
Entre dos tapas verdes.


Bajo las negras nubes que cubrían el cielo, una pequeña gota caía con un único pensamiento.
Qué solitaria era la caída para esa pequeña gota. Ella recordaba haberse precipitado en incontables ocasiones... pero hacía ya meses, allá aquel frió invierno se encontraba en una nublada tarde parisina. 
Recuerda resbalar entre ventanas y observar a la luz de las chimeneas el negro suelo de madera en el que la gente se tumbaba para leer cuentos con olor a cuero.

domingo, 20 de abril de 2014

París


[..] Ellos (los horribles hombres de negocios) prohibieron a los padres querer a sus hijos, a los enamorados compartir sus caricias y a los artistas amar sus obras... crearon una lista tan larga que 100 años necesitaron para poder terminarla.
Ellos llenaron la ciudad de señales y policías.
Ellos se llenaron sus corazones de humo y odio.

Nadie hizo caso a sus absurdas señales.
Nadie hizo caso a sus absurdas normas.
Nadie hizo caso a sus grises corazones.

La ciudad siguió siendo libre.

lunes, 7 de abril de 2014

La ventana

Cuentan que ocurrió hace mucho tiempo en un mundo perdido.
Nuestro pequeño protagonista vivía en una ciudad industrial de un oscuro planeta, donde el humo había sustituido hace mucho a las nubes, las grandes torres a los árboles y los hombres de negocio a las flores.
Hacía muchos años desde la última vez que alguien vio el cielo estrellado. Ni la madre de su madre pudo admirar tal espectáculo.

La lluvia se extinguió de su planeta cuando los grandes empresarios robaron las nubes.
La luz se extinguió de su planeta cuando los grandes empresarios apagaron el sol.

Nuestro pequeño protagonista gastaba el tiempo caminando en las estrechas calles de su ciudad, abarrotadas de obreros, hollín y el humo de los grandes y ruidosos coches de los empresarios.

Fue casualidad lo que hizo que el pequeño protagonista decidiera meterse en una pequeña calle vacía llena de polvo, nadie había entrado ahí en muchos años y tardó muy pocos pasos en comenzar a escuchar un extraño sonido que nunca había oído.

Mucho tiempo pasó hasta que encontró la razón de tan extraño ruido. Sus ojos se abrieron como platos al encontrar tal hallazgo, pues jamás en toda su corta existencia había podido imaginar lo que es oscura y polvorienta calle escondía.

Una pequeña, vieja y oxidada tubería había creado un pequeño charco de agua en el suelo y no era de extrañar su sorpresa, fue la primera vez que el pequeño protagonista veía un pequeño charco de agua.

Siempre quiso ver su reflejo en el agua.

Al asomarse al pequeño charco, vio a una pequeña chica que le saludaba.
El cielo era azul y no negro. El color verde aun existía.

Durante mucho tiempo intentó colarse por el pequeño charco, pero ni con ayuda de la chica lo conseguía.

Decidieron que sería su pequeño secreto, todas las noches volverían al mismo sitio con la esperanza de que el charco aumentara de tamaño y finalmente el chico pudiera huir de su pesadilla.

No más humo.
No más hombres de negocio.









martes, 25 de marzo de 2014

Invierno

Nunca habían sido capaz de entender la obsesión que tenia con las estrellas. Invierno pasaba los días pegado al cristal de su casa observando como el cielo se tornaba en la más absoluta oscuridad. Tan sólo unos pequeños puntos brillantes desafiaban la inconmensurable oscuridad de la noche. Siempre había pensado en lo increíble que tenia que ser ver una de cerca. Azules, Rojas y amarillas. Incluso las densas pero hermosas estrellas blancas.

lunes, 24 de marzo de 2014

La luna no se puede robar

Quizá es uno de los "cuentos" Zen que más me gustan, sobre todo por el significado que tiene.
Es fácil pensar que es un texto absurdo y sin sentido, pero una de las maravillas de la "literatura" Zen es que siempre trata de enseñar algo y de hacer reflexionar al lector.
En un tiempo pasado (o no tan pasado), los maestros Zen enseñaban estos textos a sus discípulos.