[..] Ellos (los horribles hombres de negocios) prohibieron a los padres querer a sus hijos, a los enamorados compartir sus caricias y a los artistas amar sus obras... crearon una lista tan larga que 100 años necesitaron para poder terminarla.
Ellos llenaron la ciudad de señales y policías.Ellos se llenaron sus corazones de humo y odio.
Nadie hizo caso a sus absurdas señales.
Nadie hizo caso a sus absurdas normas.
Nadie hizo caso a sus grises corazones.
La ciudad siguió siendo libre.
A mí París también me dejó esa sensación. Me encanta.
ResponderEliminarEs un lugar especial sin duda alguna.
Eliminar